No era un sitio de la mejor calaña ,pero nos gustaba ir allí. Quedaba en la esquina que sigue de Porvenir, a un costado del lugar donde íbamos a echarnos y a fumar unos cuantos cigarrillos. Recuerdo que lo atendía una vieja muy fea, con voz rasposa y look de bruja. La cosa es que el lugar no era un bar ni nada de eso, sólo que la veterana nos vendía unas cervezas y nos dejaba entrar a tomarlas a su casa , "para que no los lleven los pacos, corazón ", según ella.
El living en cuestión tenía una mesa redonda donde nos sentábamos a disfrutar de las chelas. Lo malo del sitio es que estaba lleno de perros y el olor era muy malo, para qué te digo el baño. Definitivamente , el antro era una mugre , pero a mí me gustaba. Éramos menores de edad; en ningún otro sitio nos hubieran permitido tomar.
Me acuerdo especialmente de un cumpleaños que pasé en la pocilga,un montón de fósforos que tuve que soplar hizo las veces de torta. Se pasaban ratos agradables allí, junto a los pocilgueros, llamados así por la debilidad que tenían por aquel lugar. Era habitual encontrarlos por allá los viernes.
La última vez que fui a la pocilga fue el año en que salí del colegio. Yoryo, ya con unas cuantas cervezas en el cuerpo, quiso comprar una petaca de whisky a la vieja que estaba al otro lado del mesón.
- ¿pero dónde lo vamos a tomar?, pregunté con alcohólica curiosidad.
- Aquí poh, en la pocilga-, respondió mi amigo José Luis.
Lo malo fue que lo dijo al frente de ella, la bruja nos escuchó y nunca más nos dejó entrar al querido lugar. Había metido la pata.
Mas daba lo mismo, casi todos ya teníamos 18 años cumplidos, y los días de clandestinos llegaban a su fin.
La Pocilga
jueves, 15 de marzo de 2007
Publicado por Ale en jueves, marzo 15, 2007