sábado, 10 de junio de 2017


ALEX VALDERRAMA·DOMINGO, 4 DE JUNIO DE 2017


¿Qué cosa puedo escribir de Stephen King que no se haya dicho? Es un superventas, es traducido a un sinnúmero de idiomas, tiene más de sesenta libros publicados, etcétera. Todos lo conocemos como uno de los grandes escritores de terror en lengua inglesa, si no el mejor. El más potente. Cuando me compro un libro suyo, sé que me encontraré con una novela ladrillo, de quinientas páginas como mínimo (o más), que me sumergirá en un mundo nuevo, escalofriante. Quizá no sea tanto por lo escalofriante, claro, pero las historias que muestra son notables en cuanto a su rareza, si pensamos que lo raro es algo sobrenatural.
Stephen King nació en 1947 en Estados Unidos, específicamente en Portland, Maine, y es sin duda uno de los escritores con más adaptaciones al cine sobre lo que ha escrito. Cuando busco una novela de terror, más que sobrecogerme con lo que voy a leer, estoy buscando entretenerme con una historia que me muestre un mundo oculto, claro que con principios visibles, tangibles. Así pasó cuando me zampé “It”, una novela larguísima de King sobre un payaso que se transformaba en los miedos más horribles de todos los niños que vivían en Derry ,y es obvio que me cagué de susto, no tanto por el terror en sí mismo, cosa que actualmente no me pasa con las novelas de terror , pero creo que esa novela es una alusión a una historia horrible que pasó en pleno siglo XX, el tiempo en que la civilización ha pasado por tantos horrores que ya nada es lo suficientemente trágico para que produzca una parálisis de terror o que se te paren los pelos.
En Chile las novelas de terror no funcionan.Pero esto no es totalmente cierto, pues en sociedades más desarrolladas a nivel intelectual el tema radica en que el mercado lo absorbe todo y hay cabida para todo; por tanto si esta premisa fuese válida, en Chile se podrían publicar muchísimas novelas de terror. Pero el mundo literario en Chile es muy enano; los escritores siguen escribiendo sobre lo que pasó en la dictadura, en sus familias oligárquicas o proletas, pero poco o nada hay de cabida para textos de terror que hagan honor a lo que King hace. En un viaje por Sudamérica, hace ocho años, me leí una novela de King de mil páginas, Apocalipsis, su obra más ambiciosa, aunque todas las novelas de King son ambiciosas. Contaba la historia sobre un hecho que no escapa a toda lógica, el fin de mundo (cosa que puede pasar en cualquier momento), pero el tema de fondo en las novelas de King es cómo te puedes quedar bien cagado de la cabeza con lo Oculto, lo que se escapa de las manos. Por ejemplo en “Christine”, que trata sobre un auto maligno que cobra vida, es el prototipo de texto que tal vez nos hace reflexionar quizá el mayor problema está en cómo los seres humanos tomamos las situaciones que se nos presentan, sobre todo si estas escapan a toda lógica y te confunden. O “Cell”, la primera novela sobre zombis, o algo muy similar, siempre con la idea de que el mundo se acaba, el Juicio Final.
Sería la raja hacerse millonario escribiendo sobre una escolar con poderes síquicos, como en “Carrie”, o sobre un cementerio indio que hace revivir cadáveres, o sobre una fanática que termina secuestrando a su escritor fetiche como en “Misery”. Stephen King es un hombre preparado para escribir de tal manera que cuando lo lees en Chile, te das cuenta de que nada de lo que se produce aquí está a la altura de lo que en los Estados Unidos se fabrica. Una figura como Stephen King puede hacerte pensar que el mejor superventas chileno no es nada en comparación a lo que King puede escribir cuando se le antoja. Y aquí me gustaría decir que los escritores chilenos nunca escribirán como King , porque todavía están pegados en la dictadura. Porque aquí el terror, como dije hace unas líneas, está relegado a un plano inferior, jamás se hará una novela como El resplandor porque no da para hacerlo, es mejor estar escribiendo de un pendejo guatón que se hace amigo de un cabro cuico. Stephen King jamás hubiera existido en Chile, porque jamás lo hubieran publicado en Chile. Tal vez si escribieram un “Salvador Allende, cazador de hombres-lobo” , probablemente se trataría de sacar algo, pero igual, creo que no hay cabida para el terror en Chile. O tal vez puede que me equivoque. Ojalá. Lo cierto es que Stephen King nos da que pensar. Escribe como los dioses, y eso significa que es un dios. Un dios pagano del terror.

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