domingo, 2 de octubre de 2016

Un anuncio de salida, en un aeropuerto, tiene significados diferentes para los que lo oyen.Para algunos era una frase de rutina, el preludio de un aburrido viaje de negocios que nunca habrían hecho por su propia voluntad. Para otros, el principio de la aventura; y para otros, el principio del fin: la vuelta a casa. Para algunos traía aparejada la tristeza de una despedida; para otros, por el contrario, la perspectiva de encuentros alegres. Algunos lo oían para otras personas, eran amigos o parientes los que viajaban; para ellos, los nombres de las ciudades eran algo así como vagas estampas de lugares lejanos, algo que nunca verían. Los menos escuchaban los anuncios con temor, pero muy pocos con indiferencia. Era la señal de que había empezado el proceso de la partida. Un avión estaba listo; era el momento de ir a bordo sin perder tiempo; los aviones rara vez esperaban a nadie. Al poco tiempo el avión entraría en ese elemento tan poco natural para el hombre: los cielos; y porque no era natural siempre estaría rodeado de un aureola de aventura y romanticismo.

Arthur Hailey
Aeropuerto

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